Como adelantábamos en el capítulo anterior, toda ética hace referencia a una serie de valores morales en los que se fundamenta. Del estudio de estos valores se ocupa una rama de la filosofía denominada axiología.
Todos los valores poseen una serie de propiedades que les son propias, y que son los que los definen en su totalidad. A continuación se mencionan algunas de las propiedades menos controvertidas que se les asignan:
- Cualidad (irreal): Una propiedad característica de todo valor es el hecho de no ser un sustantivo, sino un adjetivo, una cualidad que no posee una existencia independiente. De este modo, se puede hablar de lo divertido de una obra de teatro o de la bondad de un acto de altruismo, por poner dos ejemplos.
- Polaridad: todo valor tiene un disvalor (u opuesto). Así, frente a la tolerancia tenemos la intolerancia, y en contraposición a la belleza se nos presenta la fealdad. Sin embargo, todos estos conceptos no han de ser interpretados de otra forma que no sea la de extremos de un continuo gradual en el que existe una infinidad de posiciones intermedias.
- Jerarquía: los valores morales vienen ordenados jerárquicamente, de tal forma que se puede hablar de valores superiores e inferiores. Los valores de la justicia, la libertad, la equidad y la utilidad son claros ejemplos de valores que se posicionan en los escalones más elevados de la jerarquía moral. Sin embargo, no siempre queda clara la jerarquía exacta. El hecho de dilucidar cuál es la oscura tabla de valores que son causa de nuestras propias acciones es una tarea a la que todos los humanos, en tanto que agentes morales, deberíamos afrontar.
Hasta ahora no hemos hecho más que caracterizar y clasificar al conjunto de valores, incluidos los morales. Pero el gran problema que se plantea en torno a dichos valores es el relativo a si son cualidades objetivas o subjetivas. Básicamente, los objetivistas afirman que los valores existen independientemente de un sujeto o de una conciencia valorativa. Este planteamiento se asimila a una especie de descubrimiento de un valor preexistente, que se da con independencia de mi inclinación, agrado o emoción. En cambio, para los subjetivistas, no hay lugar más que para reacciones fisiológicas del sujeto que valora. Como consecuencia directa de lo anterior, la existencia, sentido y validez del valor y del acto de valorar dependen de ellas.
Las discrepancias entre estas dos formas de concebir la naturaleza de los valores conllevan enormes consecuencias, dado que si los valores son objetivos, bastará con estudiar, pensar y trabajar en torno a ellos para descubrir cómo se dan y cuál es su grado y posición dentro de la jerarquía valorativa. Por el contrario, para los subjetivistas, las discusiones sobre la jerarquía de los valores y sobre el modo de percibirlo son estériles y carentes de fundamento, pues ello depende de que alguien lo sienta en uno u otro modo.
Un argumento contundente contra el subjetivismo que no podemos pasar por alto es el hecho de que no puede explicar desacuerdos, lo que quiere decir que si tenemos un problema de índole moral y de dos personas la primera aprueba una acción y la segunda la desaprueba, ambas defenderán su postura y, por lo tanto, no se llegará a una conclusión en la que ambos estén de acuerdo. Por ejemplo, un patriota siente que su deber es ir a la guerra para defender a su país, en cambio un pacifista cree que cualquier guerra esta mal y se niega a pelear en ellas.
Un aspecto que no debe ser confundido con el anterior es el concerniente a la existencia de valores absolutos o relativos. Un absolutista sostendrá que es posible hallar valores que sean perdurables en el tiempo, y que no dependen de ninguna variación ambiental o cultural. Los relativistas afirman que no existe otro tipo de valoraciones que no sean aquellas que puedan ser adscritas a un tiempo o a un espacio cultural determinado. Los primeros consideran posible fundar la validez de los valores últimos, mientras que los segundos, dada la relatividad, no creen en la posibilidad de encontrar ninguna justificación a las valoraciones últimas.
En relación a este asunto, el filósofo David Wong afirma lo siguiente:
“La moralidad sirve a dos necesidades humanas universales. Regula los conflictos de interés en¬tre personas, y regula los conflictos de interés de una persona derivados de diferentes deseos e impulsos que no pueden satisfacerse todos al mismo tiempo. Las maneras de afrontar estos dos tipos de conflictos se desarrollan en algo identificable como la sociedad humana. En la medida en que estas maneras cristalizan en la forma de reglas de conducta e ideales para las per¬sonas, tenemos el núcleo de una moralidad.
…Pero a partir de esta imagen del origen y funciones de la moralidad, no sería sorprendente que moralidades considerablemente diferentes desempe¬ñasen igualmente bien las funciones prácticas, al menos según estándares de rendimiento comunes a estas moralidades. Según esta imagen, la moralidad es una creación social que evoluciona para satisfacer determinadas necesi¬dades. Las necesidades imponen condiciones a la definición de moralidad válida, y si la naturaleza humana tiene una estructura definida sería de espe¬rar que de nuestra naturaleza derivasen nuevas condiciones limitadoras de una moralidad válida. Pero la complejidad de nuestra naturaleza nos per¬mite valorar una diversidad de bienes y ordenarlos de diferentes maneras, lo cual permite confirmar un considerable relativismo”.
Sin embargo, el problema del argumento funcio¬nal es que no se justifican meramente las creencias morales en razón de que son necesarias para la existencia de una sociedad en su forma actual. Incluso si las instituciones y prácticas de una sociedad dependiesen decisivamente de aceptar determinadas creencias, la justificabilidad de aquellas creencias depende de la aceptabilidad moral de las instituciones y prácticas. Por ejemplo, mostrar que determinadas creencias son necesarias para mantener una sociedad fascista no equivale a justificar aquellas creencias. Esta característica inherente de las tesis relativistas no es bien asumida por gran parte de la sociedad, puesto que implica la aceptación de que, dependiendo de las circunstancias, todo vale.
Parece lógico pensar que, siguiendo lo expuesto en el apartado sobre el origen de la ética, los valores morales han de estar prefijados por aquellos determinantes de carácter genético, responsables en última instancia de nuestro impulso hacia una conducta relativamente altruista, siempre en pro de la sociedad en la que vivimos, con el fin de que el progreso en dicha sociedad redunde en un beneficio personal que conlleva a una más alta probabilidad de llegar a tener éxito reproductivo. La existencia objetiva de valores, así como el carácter universal de los mismos, no es más que la ratificación de la teoría de la evolución en sentido estricto.
Hola, es muy importante compartir y retroalimentarnos con los conocimientos que se desprenden de los valores morales, solo quiero dar un pequeño aporte para diferenciar y completar tu articulo.
ResponderSuprimirLos principios se heredan
Los Valores se enseñan
Las Virtudes se logran
Los dones se reciben
Encontre un articulo en google que me parece muy importante para que entiendan mejor que es y cuales son los valores morales.
Gracias por el apunte. Tomo nota para una futura revisión.
ResponderSuprimir